Foto: GETTY IMAGES. Tomada de CNN online.A la Melchora de la Habana el destino le ha jugada una mala pasada: sobrevivir su propia muerte. Desde su escondite grita cuando se la meten y llora cuando se la sacan, como versa el refrán. Se deja ver públicamente por extranjeros, luego de un proceso de utilería que la vuelve presentable, y se le enredan sus bubónicas neuronas con la lengua, la mano y los tubos de los medicamentos que la mantienen todavía en un mundo donde ya pocos la recuerdan.
Salvo algunos tontos útiles que aún quedan, y sus gorilas amaestrados de Latinoamérica, ya nadie le hace caso. Pero la Melchora se empeña en llamar la atención desde el olvido, y grita y llora, y lo peor, escribe...
En uno de sus últimos lloriqueos se quejaba de la militarización de Haití por parte de los Estados Unidos, de la misma forma que se hubiese desgalillado si el vecino del norte hubiese decidido no enviar ayuda alguna.
No había pasado 24 horas del catastrófico terremoto de Haití, para poner un ejemplo, y el Dr. Sanjay Gupta, Jefe de los Corresponsales Médicos de CNN y neurocirujano, ya estaba en Port-au-Prince reportando para el mundo y salvando vidas, como sucedió con una bebé de 15 días de nacida que quedó huérfana en el terremoto; y quedó solo cuando un equipo de médicos belgas abandonó el lugar que fungía de hospital por razones de seguridad. Días más tarde, el Dr. Gupta realizó una operación de cerebro a una niña de 12 años a bordo del buque USS Carl Vinson, nave redirigida por EE.UU. hacia Haití el 13 de enero, que ha brindado ayuda médica y suministro de agua a parte de los damnificados de la tragedia. Las imágenes del Dr. Gupta no pasan inadvertidas: lo hemos visto lo mismo atendiendo a los heridos en las tiendas que improvisadamente funcionan como especie de enfermerías, que con una carretilla en medio del puerto buscando antibióticos y medicinas para los enfermos, además de reportando.
El pasado viernes, para poner otro ejemplo, a través de un maratón televisivo realizado por CNN, celebridades de Hollywood atendieron los teléfonos y en dos horas se recaudaron 58 millones de dólares, donde no se incluyen las donaciones efectuadas por corporaciones o donaciones privadas a gran escala. Esos 58 millones de dólares recogidos en dos horas salieron de la generosidad ciudadana de los Estados Unidos, en medio de una economía nacional depauperada.
Gracias a esa militarización que tanto le preocupa a la Melchora de la Habana, el aeropuerto y el puerto de Port-au-Prince han podido funcionar para recibir la ayuda humanitaria, pues los sucesivos gobernantes haitianos nunca habían creado una infraestructura estatal para proteger a su población, mucho menos en caso de desastre.
Para citar otro ejemplo de lo “malito” que son los malos de la película de la Melchora, el ejército norteamericano ha repartido de 50,000 a 80,000 radios portátiles, que se cargan por energía solar, a los haitianos desplazados que han hecho del Campo de Golf de Petionville su refugio. A través de la radio es que los sobrevivientes están encontrando noticias de sus seres queridos. Sin ir muy lejos, el martes, después de dos semanas de la tragedia, los soldados americanos sacaron de los escombros a un haitiano con el fémur partido y deshidratado, pero con vida, y lo atendieron inmediatamente. Lo menciono, porque es el último sobreviviente que se conoce hasta el momento en que finalizo este post. ¿Cuántas escenas como esta no hemos visto desde el terremoto?
La cercanía geográfica ha hecho posible la rápida ayuda de los Estados Unidos a la población haitiana. Pero no sólo eso, sino también el fondo federal -costeado con parte de nuestros impuestos- que este país mantiene para ayuda humanitaria internacional, sea demócrata o republicano su presidente de turno.
El hijo predilecto de la Melchora de la Habana, allá en Caracas, no se ha quedado atrás y se ha hecho eco públicamente de una de las teorías conspirativas del momento, que ya los rusos desmintieron. Otra de las teorías, que debe tener a la Melchora saboreando, es la de que E.E.U.U. lanzó una súper arma secreta a Cuba, pero falló el tiro y le dio a Haití, provocando el terremoto. Esta en especial me da risa, porque cómo es posible que con tanta sofisticación, los americanos no se hubieran preocupado por un detalle tan sencillo como el de calibrar la puntería, sobre todo, cuando el blanco potencial le queda tan cerca de casa.
A la mayoría de los lectores cubanos no tengo que explicarle que la Melchora es esa que “cuando se la meten gritan y cuando se la sacan lloran”, disculpándome ustedes hoy por la obscenidad. Los lectores no cubanos, supongo, quizás imaginan a quién me refiero… sí, a ese mismo, el viejo decrépito conocido por Fidel Castro.

