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Sunday, February 28, 2010

LAS DAMAS DE BLANCO: “MARIA ELENA” por Yolanda Huerga


A esas mujeres valientes que recorren la Quinta Avenida de la Habana todos los domingos vestidas de blanco, en silencio, portando un gladiolo, desafiando a la dictadura mientras le piden al mundo que se solidarice con la liberación de sus esposos, padres, hijos, hermanos, amigos, presos por el solo delito de querer pacíficamente libertad de expresión, elecciones libres y una vida digna para el pueblo cubano. Para estas mujeres, con toda admiración, dedico un gladiolo cada domingo.


“María Elena”

Por Yolanda Huerga

María Elena Alpízar es tan alta que llega al cielo. Era periodista independiente del Grupo Decoro, nos hacía reír contándonos que cuando venía a La Habana a las reuniones, mi marido se subía en una silla para dirigirse a ella.

Fue quien nos llamó Damas de Blanco por primera vez, en una crónica que escribió el 22 de mayo de 2003.

No tenía familiares presos, pero había sufrido la cárcel allá por la década de los 60 por oponerse al régimen.

Viajaba con frecuencia de su natal Placetas a encontrarse con nosotras e incontables son las veces que estuvo detenida o que los agentes de la Seguridad del Estado de Cuba la obligaban a montarse en un carro y luego la abandonaban al borde de una carretera a cientos de kilómetros de su casa.

Estuvo la primera vez que nos atrevimos a salir de los alrededores de la Iglesia de Santa Rita. Siempre se efectuaban las marchas por el paseo de la 5ª avenida a la salida de la misa y supuestamente protegidas por las miradas de los feligreses que salían también del recinto religioso. Nos apresurábamos, porque creíamos que el gobierno cubano no se atrevería a abusar de mujeres a la vista de diplomáticos y periodistas extranjeros que acudían a la parroquia.

Sucedió justo durante el primer aniversario de la brutal represión desatada por Fidel Castro contra sus opositores. Durante días y muy secretamente, sólo las más allegadas estaban al tanto de lo que se iba a hacer, preparamos los homenajes, cosimos una imitación de la bandera cubana pero sin la estrella, el color rojo lo pusimos en forma de listón para que no pudieran acusarnos con el delito de “ultraje a los símbolos patrios” y sobre este escribimos “libertad para los 75”. Dos listas azules y dos blancas y en estas últimas pegamos las fotos y los nombres de los 75 encarcelados de la Primavera Negra.

Hasta bien entrada la noche se quedaron las más habilidosas para que al otro día pudiéramos enorgullecernos de ver colgando en una pared de la sala de Laura Pollán nuestro estandarte.

Las puertas y las ventanas fueron abiertas y se arremolinó la gente para ver la tela. Entonces no nos conocían dentro de Cuba.

Al otro día 19 de marzo nos citamos para la heladería Coppelia de donde partiríamos, muertas de miedo pero decididas, a la Dirección Nacional de Cárceles y Prisiones y luego a la Asamblea Nacional del Poder Popular a pedir la libertad de nuestros familiares.
Mientras gritábamos libertad, libertad, yo con la mano de mi hijo fuertemente apretada, me decía para mis adentros: “Ahora sí se nos fue la catalina, nos van a meter presas a todas”.

Éramos 16 mujeres: Laura Pollán, Loida Valdés, Dolia Leal, Gisela Sánchez y su cuñada Vilma Portales, Mireya Pentón, Marcela Sánchez, Caridad Noa y la madre de su esposo Felicia Espinosa, Bárbara Rojo, Margarita Borges, Berta Soler, Matilde Jerez, Isabel Ramos, María Elena Alpízar y yo.

Por su posición frontal al régimen cubano María Elena padeció la separación de sus hijos que vivían en Venezuela y a los que “en 25 años, 6 meses y 27 días” no pudo ver. Soñaba con reunirse con ellos, pero los oficiales de emigración le contestaron a su demanda “que Chávez no quería contrarrevolucionarios allá”. A los 65 años pudo emigrar a los Estados Unidos, donde ha continuado su apoyo a los opositores cubanos y desde donde, cuando puede, de la pensión que recibe para vivir, todavía “saca algo para los hermanos” que dejó en el suelo patrio.


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Sunday, February 14, 2010

LAS DAMAS DE BLANCO: "CLAUDIA" por Yolanda Huerga

Foto: Orlando Luis Pardo Lazo.

A esas mujeres valientes que recorren la Quinta Avenida de la Habana todos los domingos vestidas de blanco, en silencio, portando un gladiolo, desafiando a la dictadura mientras le piden al mundo que se solidarice con la liberación de sus esposos, padres, hijos, hermanos, amigos, presos por el solo delito de querer pacíficamente libertad de expresión, elecciones libres y una vida digna para el pueblo cubano. Para estas mujeres, con toda admiración, dedico un gladiolo cada domingo.


“Claudia”

Por Yolanda Huerga

Hoy voy a escribir sobre una de mis amigas más queridas: Claudia Márquez. Cuando se producen los arrestos de 2003 se desempeñaba como directora y periodista de la agencia independiente de prensa Decoro, que había sido fundada años antes por mi esposo Manuel Vázquez Portal. Ella estaba casada con Osvaldo Alfonso, a la sazón, presidente del Partido Liberal de Cuba quien fue condenado a 20 años de prisión.

Un día en Villa Marista, estado mayor de la policía política, mientras esperaba junto a mi cuñada los 5 minutos reglamentados para la visita a los detenidos, vi pasar a Claudia y me acerqué a saludarla. Al rato, un coronel del Ministerio del Interior, del que sólo recuerdo los círculos rojos que rodeaban sus pupilas y su voz imperativa, luego de confirmarme que mi marido sería procesado, me gritó “oiga, y trate de no reunirse con ese tipo de personas”.

Esto bastó para que me acercara más a ella y consolidáramos ambas una amistad que perdura a pesar de que apenas nos hemos visto en cuatro años.

Comenzamos a reunirnos en casa de Laura Pollán y a invitar a las familias de los presos para allí. Así comenzaron lo que ahora se llaman “Tés Literarios” que en los primeros meses se realizaban todos los días, porque siempre estábamos un grupo de la mañana a la tarde discutiendo asuntos, pensando estrategias e intercambiando medicinas, alimentos y aliento. Lo de Té se lo puso Laura, porque generalmente lo único que ingeríamos era té y lo de literario porque leíamos poemas y cartas de nuestros familiares encarcelados.

Claudia fue la editora del tercer número de la revista clandestina De Cuba, dedicado a los prisioneros políticos, que salió a sólo 5 meses de la ola represiva.

La revista De Cuba había salido a la luz en diciembre de 2002, desarrollada por un equipo de la Sociedad de Periodistas Manuel Márquez Sterling. Pero, en el momento de que hablo, casi todos sus realizadores estaban en la cárcel.

En este último número aparecían crónicas, testimonios y fotos del Grupo de los 75 y de sus familiares. Su producción se hizo con el mayor hermetismo posible. La primera tirada, de 1000 ejemplares, hubo que quemarla por discrepancias acerca de cuáles presos debían o no aparecer en la revista. Luego se hizo una nueva impresión que circuló por toda la isla. Claudia asegura que “sin el concurso de las Damas de Blanco y de figuras de la oposición interna y externa no hubiera sido posible”.

Un día la policía política vino y se llevo a Claudia. No era un arresto formal, sólo querían “conversar con ella”. A las 5 ó 6 horas la trajeron, pero algo había cambiado en su mirada. A los pocos meses habló con Laura y conmigo y nos dijo que se separaría del grupo, que temía por su hijo y la seguridad del estado le tenía montado un gran expediente. Nosotras respetamos su decisión pero extrañamos su entusiasmo juvenil y su jovialidad.

En una ocasión, le insistí para que regresara con nosotras, la necesitábamos y extrañábamos, y además yo sabía bien cuánto ella amaba al grupo, del que fue una de las 12 fundadoras y por el que trabajó febrilmente en los primeros meses. Me respondió triste pero con decisión: “No porque podría hacerles daño y eso sí nunca me lo perdonaría”.

En junio de 2005 emigró con su hijo a los Estados Unidos y actualmente reside en Puerto Rico, donde se casó de nuevo y tiene una niña preciosa a la que puso el nombre de su ciudad querida: Habana.


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Sunday, January 24, 2010

LAS DAMAS DE BLANCO. “BERTA” por Yolanda Huerga.


A esas mujeres valientes que recorren la Quinta Avenida de la Habana todos los domingos vestidas de blanco, en silencio, portando un gladiolo, desafiando a la dictadura mientras le piden al mundo que se solidarice con la liberación de sus esposos, padres, hijos, hermanos, amigos, presos por el solo delito de querer pacíficamente libertad de expresión, elecciones libres y una vida digna para el pueblo cubano. Para estas mujeres, con toda admiración, dedico un gladiolo cada domingo.


“Berta”

Por Yolanda Huerga

Berta Soler es el azabache de las Damas de Blanco. Su energía, enorme y poderosa, las protege frente a las influencias negativas y maleficios. De ánimo alegre, ha sabido intervenir oportunamente cuando algún indicio de agotamiento o resquebrajamiento motivados por los años de tensión o sibilinos propósitos han azotado a las mujeres que componen el grupo.

Se siente orgullosa de ser negra, pero le avergüenza que compatriotas suyos pretendan humillarla por esto: frecuentemente en los actos de repudio las hordas entrenadas y dirigidas por la Seguridad del Estado tratan de minimizarla y agredirla por el color de su piel.


Nunca, antes de haberse incorporado a las Damas de Blanco, se había sentido discriminada, porque el pueblo cubano no es segregacionista, pero el régimen, intrínsecamente racista, manipula a sus acólitos y utiliza los recursos que cree más insultantes para atacar a los que se le oponen.


Cuando comenzamos a ir a misa en la iglesia de Santa Rita, a finales de marzo de 2003, ya ella asistía con el Comité de Madres Leonor Pérez. Su esposo había cumplido una condena anterior en el presidio político cubano.


Ángel Moya Acosta, fundador del movimiento Libertad y Democracia, fue nuevamente condenado a 20 años de prisión en la Primavera Negra de Cuba. Cuentan que cuando los guardias se lo llevaban esposado, se dirigió a sus llorosos hijos y les dijo bien alto: “No me apresan por delincuente sino por defender los derechos humanos de nuestro pueblo”.

Y su compañera de la vida y de las ideas no se queda detrás en valentía. Ella fue la protagonista del primer plante que hicieron las familiares de los presos políticos en la llamada Plaza de la Revolución en octubre de 2004: su marido estaba padeciendo de una hernia discal que apenas lo dejaba caminar, después de infructuosas gestiones para que lo trasladaran a La Habana para operarlo, decidió entregar una Carta en el Consejo de Estado y no moverse de allí hasta que le dieran una respuesta positiva. Acompañada por su cuñada, y por otras Damas, estuvo tres días con sus noches en el lugar. Al tercer día la sacaron por la fuerza a ella y a los que la acompañaban en ese momento, pero logró su demanda: Moya fue trasladado a un hospital civil y operado.


A su coraje une la chispa burlona de la gente del pueblo. En una ocasión fue arrestada y llevada a la estación de policía. Allí se encaró a los agentes del orden y les exigió explicación de su detención: el oficial a cargo le dijo “Aaah ja… ¿qué dice ahí?”, señalando a la manilla blanca que Berta traía en la muñeca. Ella, abriendo los ojos, leyó la inscripción de su pulsera y le contestó “dice cambio ¿y qué?” y entonces el oficial continuó “ja, cambio, eso significa el cambio a otro sistema, tumbar a Fidel, ¿no?”. A lo que Berta socarronamente respondió “bueno… ahí no dice nada de eso, quien lo ha dicho es usted”.


Como mucha gente llega a su casa buscando una medicina, alguna vitamina o quizás un jabón y Berta, con cariño, ayuda al necesitado, es muy popular y admirada en su barrio de Alamar. Esto es motivo de preocupación para la jefatura del país que tiene entre sus prioridades mantener aislada y desacreditada a la oposición pacífica.

A principios de este año aparecieron letreros cerca de su hogar, en las paredes del edificio donde vive, en la bodega donde hace sus compras y en varios sitios más que decían “¡Berta es del G-2!” Los vecinos los borraron sin decirle nada, para evitarle más lastimaduras de las que ya soporta, pero un día en su camino a la casa se dio de cara con uno de los injuriosos carteles y luego supo que había habido más.

Qué pobre y tambaleante está ese gobierno que ha llegado a las más bajas maniobras contra indefensas mujeres que lo único que poseen para defenderse es su razón y sus gladiolos.


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Sunday, January 10, 2010

LAS DAMAS DE BLANCO: “MILKA” por Yolanda Huerga.


A esas mujeres valientes que recorren la Quinta Avenida de la Habana todos los domingos vestidas de blanco, en silencio, portando un gladiolo, desafiando a la dictadura mientras le piden al mundo que se solidarice con la liberación de sus esposos, padres, hijos, hermanos, amigos, presos por el solo delito de querer pacíficamente libertad de expresión, elecciones libres y una vida digna para el pueblo cubano. Para estas mujeres, con toda admiración, dedico un gladiolo cada domingo.


“Milka”

Por Yolanda Huerga

Un día sentimos unos toques apremiantes a la puerta de casa de Laura Pollán. Al abrir, una mujer morena casi se desmorona bajo el dintel. Era Milka María Peña Martínez, sudorosa y sedienta, con su bebita de pocos meses apretada contra el pecho, pero feliz de habernos encontrado.

Había recorrido los casi 700 kilómetros que separan su hogar en Puerto Padre, al oriente de la Isla, de la Cárcel Combinado del Este donde estaba recluido en ese momento su esposo Luis Enrique Ferrer García, quien cumple 28 años de prisión, la condena más alta impuesta entre los miembros del grupo de los 75.


Hablaba atropelladamente, como si pensara que le impedirían decir todo lo que quería: había oído de nosotras y Osvaldo Payá -coordinador del Movimiento Cristiano Liberación- le indicó como encontrarnos; nos contó que le había traído a Luis Enrique su hija para que la conociera, pues ella estaba embarazada cuando lo detuvieron, pero que las autoridades del penal sólo le permitieron verla unos minutos; nos habló de su pleito con los funcionarios del registro civil para ponerle a la pequeña el nombre de María Libertad.

Todavía no se incorporaría totalmente a nuestro grupo ni iría a la Iglesia de Santa Rita, pero no por miedo, nos recalcó, sino que necesitaba recuperarse del parto y amamantar a la niña.

Y de verdad, es una mujer muy brava la media naranja de Luis Enrique, quien en el transcurso del juicio invitó a sus jueces a firmar el proyecto Varela del cual era promotor.


Yo no lo conocí personalmente a él, aunque sí hablamos alguna vez por teléfono. Un día escuché una grabación de una llamada telefónica suya, desde la cárcel. Era el 20 de mayo, 107 aniversario del nacimiento de la república cubana y quería enviar su mensaje de homenaje a la efeméride. Cuando los guardias del penal trataron de impedírselo se amarró al aparato y oímos como los guardias forcejeaban para quitárselo, mientras él, haciendo caso omiso a los golpes, trasmitía sus palabras.

Inmediatamente pensé en su mujer, porque estoy segura así reaccionaría ella en situación semejante.

En mi trabajo con las Damas de Blanco desde el exilio he tenido muchos anécdotas, pero una que me causó risa y a la vez admiración fue cuando una de las “mulas”, que llevaba provisiones a Puerto Padre, llamó por teléfono espantado diciendo que esa “guajira estaba loca”, que en la casa de tablas y zinc donde vivía, tenía carteles que rezaban: ¡Viva el Proyecto Varela! ¡Libertad para los prisioneros de conciencia! y que él no llegaba hasta allí ni aunque le pagaran una fortuna.


Milka enfrenta el desafío de criar a su hija sola. María Libertad aprendió a leer con las cartas de su papá y ahora ya ella también puede enviarle notas a la prisión. Ha crecido entre viajes al presidio y a La Habana a las actividades de las Damas de Blanco. Desde que pudo caminar porta un gladiolo en su mano y camina junto a su madre pidiendo la libertad de los presos políticos.

Pero esta chiquilla procede de una familia de valientes. Los Ferrer son tres hermanos que en la zona de Santiago de Cuba son bien conocidos por la población por su coraje y enfrentamiento al gobierno: Luis Enrique, José Daniel y Ana Belkis, quien ha dedicado su vida a defender la de sus hermanos. La madre de los Ferrer tiene que sentirse muy orgullosa de haber entregado, como Mariana, tres hijos a la Patria, y por si fuera poco una nuera.

María Libertad encara, como su hermana mayor, el estigma asociado con tener a su padre encarcelado, y aun más por una causa política que en Cuba es un delito tratado con la mayor severidad reglamentada. Sin embargo, le corresponde el orgullo de ser descendiente de una pareja valerosa que por su tesón y decoro son parte de la historia de nuestras luchas libertarias. Esa es la certeza que la sostendrá en estos años de abnegación y dolor.


Sunday, December 20, 2009

LAS DAMAS DE BLANCO: "LA BIBLIOTECA DEL RE OCULTO" por Yolanda Huerga


A esas mujeres valientes que recorren la Quinta Avenida de la Habana todos los domingos vestidas de blanco, en silencio, portando un gladiolo, desafiando a la dictadura mientras le piden al mundo que se solidarice con la liberación de sus esposos, padres, hijos, hermanos, amigos, presos por el solo delito de querer pacíficamente libertad de expresión, elecciones libres y una vida digna para el pueblo cubano. Para estas mujeres, con toda admiración, dedico un gladiolo cada domingo.


"La Biblioteca del Re Oculto"

Por Yolanda Huerga

En los albores de la formación del grupo de las Damas de Blanco no teníamos una línea de acción definida, sólo un objetivo fundamental, lograr que el gobierno cubano liberara a nuestros hombres y que, mientras permanecieran encarcelados, no fueran olvidados.

El presidio en Cuba, además de las espantosas condiciones higiénico sanitarias, los peligros de las provocaciones de los reos comunes incitados por la policía política, los maltratos de los guardias, la escasa atención médica y la alimentación bochornosa implica también especialmente para los que cumplen condena por delitos de opinión, la ausencia de todo tipo de esparcimiento y de alimentación del espíritu.

Un día, una de nosotras se quejó de que su marido le estaba solicitando libros y que a ella no le quedaba más remedio que llevarle los mismos que tenía en la casa que ya él había leído, porque las librerías en moneda nacional estaban totalmente desabastecidas y las “recaudadoras de divisas” eran inalcanzables para nosotras. También lo habíamos intentado en las bibliotecas públicas, pero no prestaban sus fondos por un plazo tan largo como el período entre visitas impuesto por el régimen, el de mayor severidad penitenciaria.

Resultó que todas confrontábamos el mismo dilema: teníamos que arrastrar hasta las lejanas prisiones lectura suficiente para tres meses, esto dicho así, parece sencillo, pero no lo es. Una amiga de Europa del Este, de quien todavía no puedo decir su nombre a derechas porque nuestra relación siempre estuvo marcada por el misterio, me aconsejó y apoyó en la realización de un proyecto del que puedo hablar ahora, porque ya no está activo: la biblioteca del Re oculto.

La Biblioteca del Re Oculto o del Reo Culto tenía varias vertientes: la primordial era lograr mediante la donación de libros la conformación de una pequeña pero sólida biblioteca que nos permitiera llevar información a los presos sin incurrir en gastos que debíamos dedicar a la compra de provisiones para su nutrición y aseo, y proveerlos con obras de autores y temas que no son publicados por medios oficiales en Cuba.

Inicialmente se formó con los libros que teníamos en nuestras casas y luego se fue ampliando con las donaciones que obtuvimos de dentro y fuera de la Isla.

Yo escribía y guardaba los testimonios sobre la reacción de las personas cuando, hablándoles sobre la situación de los prisioneros de conciencia, les solicitábamos que nos donaran libros para llevarles hasta sus celdas.

Las mujeres cuando le entregaban el libro a su esposo pedían a éste que, al terminar de leerlo, hicieran un breve comentario y lo firmaran, para fortalecer la cadena de hermandad entre ellos. Pues el libro que venía de uno iba para el otro. Llegué a tener muchos libros firmados y glosados, incluso por reclusos comunes.

Traíamos a las reuniones los pedidos de información que nos hacían nuestros familiares encerrados. Confeccionamos una base de datos con estas demandas y luego las satisfacíamos según pudiéramos.

Con la ayuda de algunos amigos disfrazamos libros prohibidos en Cuba y pudimos entrar a las cárceles ediciones de Aleksandr Solzhenitsyn, Mario Vargas Llosa, Milan Kundera y escritores cubanos del exilio como Zoé Valdés y Guillermo Cabrera Infante, con cubiertas y portadas de publicaciones hechas por las editoriales oficialistas.

También hicimos varios samizdat con textos de algunos de los presos, copiamos cientos de CD con sus poesías y crónicas y los distribuimos por todo el país. Para esto contamos con ayuda de mucha gente, entre ellos bibliotecarios independientes, algunos sacerdotes católicos y otras muchas personas que colaboraron con nosotras.

Muchas de las Damas de Blanco ni siquiera sabían el andamiaje que había detrás de los libros que llevaban a la cárcel. Las autoridades penales impusieron límites de peso a las jabas y la Seguridad del Estado indagó. El proyecto se diluyó, pero estoy segura que en muchas casas de Cuba todavía se lee o escucha, a escondidas, algunos de los samizdat de la Biblioteca del Reo Culto.


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Sunday, December 6, 2009

LAS DAMAS DE BLANCO: “MARITZA” por Yolanda Huerga.


A esas mujeres valientes que recorren la Quinta Avenida de la Habana todos los domingos vestidas de blanco, en silencio, portando un gladiolo, desafiando a la dictadura mientras le piden al mundo que se solidarice con la liberación de sus esposos, padres, hijos, hermanos, amigos, presos por el solo delito de querer pacíficamente libertad de expresión, elecciones libres y una vida digna para el pueblo cubano. Para estas mujeres, con toda admiración, dedico un gladiolo cada domingo.


“Maritza”

Por Yolanda Huerga

Antes de los sucesos de la Primavera Negra yo era una sencilla ama de casa cuya única aspiración era atender y hacer feliz a mi familia. Ninguna idea altruista me movía, ni siquiera patriótica y hasta mortificaba a mi esposo por haberse enrolado en la prensa independiente que tanta zozobra nos había traído. Cada día de mi vida lo despedía con un beso y lo seguía con la mirada hasta que su figura se perdía en el recodo del camino, y entonces temerosa, le rogaba a Dios que lo protegiera porque ya no podía hacerlo yo.

El 19 de marzo de 2003 lo detuvieron. Fue un día inolvidable para mí, porque, sola, sentada en un sillón, con mi niño dormido entre los brazos, juré que también yo pondría mi granito de arena en la lucha contra la dictadura que afligía a nuestro pueblo.

Cuando comencé a asistir a la misa de la Iglesia de Santa Rita de Casia y a caminar en silencio por el Paseo de la 5ª Avenida en protesta por el encarcelamiento de nuestros seres queridos, ya desde 1991 otro grupo de mujeres iban a la parroquia con el mismo fin, el Comité de Madres Leonor Pérez.


De ahí conocí a Maritza Castro Martínez, que había pertenecido al movimiento opositor ecologista NATURPAZ y hacía varios años militaba en esta organización de atención a los presos políticos. Ella dice que aunque no tiene vínculos de consanguinidad con ninguno, muchos de los hombres que están en prisión son sus hermanos, por tanto lo que hace no es más que cumplir con su deber.

El gobierno cubano a través de sus fuerzas represivas, viene usando diferentes métodos de hostigamiento e intimidación contra las Damas de Blanco, especialmente con las que no tienen familiares presos. Estos van desde amenazas directas contra su persona hasta el acoso y perjuicio a lo que más ama una mujer: sus hijos.

Maritza ha perdido la cuenta de las veces en las que la seguridad del estado la ha citado ha estaciones de policía para levantarle actas de advertencia y amedrentarla con chantajes contra sus familiares y vecinos.

En la víspera de los homenajes del 6º aniversario de la Ola Represiva de 2003, miembros de la policía política convocaron a una entrevista obligatoria a su hijo, donde lo conminaron a lograr que su madre dejara de asistir a las actividades de las Damas de Blanco. Dice Maritza: “Como no lograron su objetivo, vinieron a la casa y se lo llevaron esposado como un delincuente. Cuando fui a la Unidad de la PNR para averiguar por él, me dijeron que estaba bajo investigación por robo con fuerza y agravantes. Yo, cuando oí tal patraña me les reí en la cara, porque conozco a mis hijos. Me fui para mi casa y escribí con carbón en dos sábanas blancas pidiendo la libertad de todos los prisioneros políticos y de mi hijo porque también él era inocente. Las coloqué en la pared externa de mi casa. Confeccioné más de cien proclamas pidiendo lo mismo y las lancé a la calle. Al instante el tráfico se paralizó, los trabajadores de una fábrica que está enclavada en los alrededores de mi vivienda salieron a observar lo que estaba pasando, los vecinos me apoyaron y yo, contándole a todos por qué habían prendido a mi hijo, porque yo lucho, porque rezo a la virgen para que liberen a hombres que están presos por pensar.”

Un fuerte operativo policial fue desplegado, pero como la casa estaba rodeada de personas que contemplaban atónitas lo que estaba pasando, no se atrevieron a usar la fuerza. Ninguno de los que la escuchaba la agredió, nadie le dijo mercenaria. Los oficiales de la Sección 21 que habían acudido al llamado de algún delator que no quiso dar la cara, trataron de tranquilizar a la mujer, pero ésta les gritó que soltaran a su hijo y que se la llevaran a ella y que la juzgaran por defender los derechos humanos. Al otro día liberaron al muchacho, pero los represores fueron al Asilo de Santovenia donde laboraba de voluntaria Maritza e instruyeron a los directivos para que no se le permitiera en lo adelante, porque es una contrarrevolucionaria.


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Sunday, November 22, 2009

LAS DAMAS DE BLANCO. “GISELITA” por Yolanda Huerga


A esas mujeres valientes que recorren la Quinta Avenida de la Habana todos los domingos vestidas de blanco, en silencio, portando un gladiolo, desafiando a la dictadura mientras le piden al mundo que se solidarice con la liberación de sus esposos, padres, hijos, hermanos, amigos, presos por el solo delito de querer pacíficamente libertad de expresión, elecciones libres y una vida digna para el pueblo cubano. Para estas mujeres, con toda admiración, dedico un gladiolo cada domingo.


"Giselita"

Por Yolanda Huerga

Gisela Sánchez Verdecia tiene manos de maga, por lo menos eso dicen muchas mujeres que se arreglaban el pelo con ella. Pero, cuando la conocí había tenido que cerrar la peluquería que instaló en su vivienda porque, en los días posteriores a la detención de su esposo, la amplia clientela que atendía, había desaparecido como por un conjuro.

Más adelante se enteró cómo varias personas, pertenecientes al partido comunista, los CDR y la Federación de Mujeres Cubanas, fueron designadas por la Seguridad del Estado para explicarle a las clientas más asiduas cuan ignominioso sería seguir engordando el bolsillo de mercenarios al servicio del imperialismo.


Y es que Giselita, como la llamamos, está casada con Antonio Díaz Sánchez, coordinador del Movimiento Cristiano Liberación y uno de los protagonistas de la entrega en la Asamblea Nacional del Poder Popular de las 11 mil firmas recogidas entre la población para apoyar el Proyecto Varela, razones por las que el 19 de marzo de 2003, agentes de los órganos represivos allanaron y registraron durante horas su casa en busca de “evidencias”. Sus hijas Masiel de 4 años y Yenisel de 15, contemplaron, espantadas, el desmantelamiento de su hogar.

Después que Tony fue condenado a 20 años de privación de libertad, Gisela comenzó a participar en las actividades de las mujeres de los presos. Iba siempre acompañada de su cuñada y de su hija menor. La niña estaba muy angustiada por su padre y frecuentemente preguntaba ¿lo van a liberar? No había modo posible de dejarla en casa, ni aunque su madre renunciara a asistir a la iglesia, pues cuenta que la niña al levantarse los domingos la exhortaba ¿no vas a defender a mi papi hoy?


Gisela comenzó a preocuparse seriamente, ya que la hija mayor había necesitado ayuda especializada. Previamente al encarcelamiento de Tony, la maestra guía de Yenisel en una reunión del alumnado le preguntó si quería ser militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, a lo que la muchacha contestó que no, entonces la “educadora” elevando la voz inquirió ¿es tu padre de los derechos humanos? Y, dirigiéndose al resto de los estudiantes afirmó “es un contrarrevolucionario”.

Cuando Tony se enteró del incidente decidió hacer una carta a varias organizaciones de defensa de la niñez, pero su hija le pidió que no lo hiciera. Cedió y el día en que lo juzgaron la maestra fue a testificar en su contra, imputándosele interferencia en el correcto desarrollo ético de la menor.

El 20 de marzo de 2005 la policía política organizó el primer acto de repudio contra las Damas de Blanco. Más de 200 mujeres fueron movilizadas del sector de turismo


Dos días antes, en el segundo aniversario de la Primavera Negra, 44 damas habían realizado una caminata de varios kilómetros por calles populosas de la Habana. Este fue el detonante. El gobierno cubano no estaba dispuesto a permitir que el pueblo viera manifestaciones pidiendo libertad para los presos de conciencia. La gente se paraba a verlas y las alentaba. Había que dar un escarmiento. Los que se salgan del carril tendrán que enfrentar al pueblo enardecido, el mismo que vejó y golpeó a los que pretendían abandonar el país en la década del 80.

Fue a la salida de la Iglesia de Santa Rita, pero esperaron que se dispersaran los feligreses para interceptarlas. A la cabeza del grupo iba Masiel, la dama más blanca, la niña de 6 años de Antonio Díaz Sánchez y Gisela Sánchez Verdecia. Con su gladiolo en la mano y su cabecita alta.

Cuando la muchedumbre se acercaba gritando consignas, cuando rodearon a las 30 mujeres vestidas de alba, ellas se cerraron en un círculo para proteger a los niños y entonaron el himno “Virgen mambisa”. Los ojitos de Masiel estaban llenos de lágrimas pero cantó por su padre, por los presos, por la libertad.



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Sunday, November 8, 2009

LAS DAMAS DE BLANCO: “IRAIDA” por Yolanda Huerga.


A esas mujeres valientes que recorren la Quinta Avenida de la Habana todos los domingos vestidas de blanco, en silencio, portando un gladiolo, desafiando a la dictadura mientras le piden al mundo que se solidarice con la liberación de sus esposos, padres, hijos, hermanos, amigos, presos por el solo delito de querer pacíficamente libertad de expresión, elecciones libres y una vida digna para el pueblo cubano. Para estas mujeres, con toda admiración, dedico un gladiolo cada domingo.



“Iraida”


Por Yolanda Huerga


De Iraida Soledad Rivas Verdecia se puede decir, parafraseando a Quevedo, “érase una mujer a un nebulizador, pegada”, pues su asma es tan severa que casi a diario tiene que recurrir a este aparato o a la inyección intravenosa para controlar el problema respiratorio que padece. No es raro encontrarse con ella en la Iglesia de Santa Rita o en otra reunión de las Damas de Blanco con una cánula hincada en su brazo.



Todos en su casa llevan muchos años militando en la oposición pública. Por eso el 18 de marzo de 2003, cuando la Seguridad del Estado arrestó a su esposo Roberto de Miranda, presidente del Colegio de Pedagogos Independientes, a ninguno le tomó por sorpresa, pero lo que sí no previeron fue que el día en que le celebraron el juicio, Marcos -el hijo mayor- se viera impedido de asistir, pues mientras esperaba junto a su madre para entrar al recinto judicial, fue detenido por la policía y encerrado en un calabozo. Iraida quedó sola sin ningún pariente o amigo en la Sala de Audiencias. Al escuchar el fallo de 20 años para su marido, Iraida no sabe qué se trastrocó en su cerebro y comenzó a gritar en pleno tribunal: “¡Libertad para Marcos, Libertad para Marcos!”. Afirma que estaba enloquecida pero que, gracias al furor que emanaba de ella, le devolvieron por lo menos a su hijo.

A Roberto le dieron una licencia extrapenal por razones de salud en junio de 2004, pero Iraida no disminuyó el activismo con nuestro grupo. Debido a eso, es desacreditada e infamada por la prensa oficialista y acosada por los acólitos del régimen: en agosto de 2006, durante el transcurso de un acto de repudio del que fue objeto, a su madre le subió la presión arterial y sufrió un derrame cerebral que le provocó posteriormente la muerte.

El año pasado su hija Elaide, residente en Miami, acompañada de su hijo y esposo, intentó visitar a sus padres. Hacía once años que no los veía y ellos no conocían al nieto.

Las autoridades cubanas les concedieron los permisos. La muchacha, colmada de alegría, realizó todos los trámites, gastó sus ahorros para pagar los documentos requeridos y llevar regalos. Al entrar al aeropuerto de La Habana, donde la esperaba su familia, sin dejarla saludarlos siquiera, la regresaron a EE.UU. cancelando la visita y sin mediar explicaciones de ningún tipo.

Mientras tanto Iraida y los demás se impacientaban porque no veían salir de la aduana a Elaide. Después de esperar por horas, fueron a preguntar a las autoridades migratorias. Las mismas le dijeron que habían revocado los visados de todos sus familiares, lo que fue confirmado un día después por un oficial de la policía política, quien le aseguró al matrimonio Miranda que jamás su hija entraría al país.

Este tipo de abuso es frecuente, los gobernantes cubanos como dueños absolutos del territorio nacional y de sus habitantes, se arrogan la facultad de decidir quién puede entrar o salir del suelo donde nació.


La gran mayoría de los cubanos residentes en el exterior, cuando viajan a la Isla, no quieren involucrarse con los disidentes, no quieren llevarles ni una carta, ni un pomo de medicinas, con tal de no irritar al gobierno. Y los que viven dentro tampoco se dan por aludidos acerca de las demandas del movimiento contestatario, ya que tienen que mostrar que son fieles defensores del proceso revolucionario, para que el régimen les permita seguir recibiendo a sus familiares y las remesas que éstos mandan.

O sea que, en tanto han liberalizado los viajes y el envío de remesas a Cuba, los que luchan dentro de la isla por la instauración de la democracia están cada día más desprotegidos y menos respaldados por los gobiernos de otras naciones.

El levantamiento de las restricciones de viajes de los cubanoamericanos a su tierra de origen, que habían sido impuestas como sanción al gobierno castrista por las altas condenas a 75 opositores pacíficos, se llevó a cabo en nombre del respeto a los derechos humanos sin tener en cuenta que la mayoría de esos opositores, continúan en prisión y que su único crimen fue tratar de ejercer esas libertades fundamentales.

Iraida me comenta: “Al igual que las otras mujeres de los presos, firmo cartas a organizaciones y reconocidas figuras internacionales, así como a primeros mandatarios del mundo. Pero cada día se intensifican más mis dudas: ¿habrá alguien que nos tome en cuenta?”



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