Sin embargo, tenemos que elegir a los políticos para que funcionen como guardianes del tránsito de ideas que se desarrolla de un lado a otro del tablero donde se desenvuelve la política. Confieso que cada vez que he estado en las urnas de mi país adoptivo, le he dado mi voto al Partido Republicano, a pesar de que del mismo no me gustan la carencia de tolerancia y su falta de imaginación. Al menos de boca para afuera, como todos sabemos.
El Partido Republicano no tiene imaginación para esto:


Además, los demócratas mienten y luego se desmienten, y sacan la mano para la izquierda cuando están doblando para la derecha y viceversa. Los estadounidenses le llaman el flip-flop. Y también traicionan, sin el pote de vaselina que suelen usar los republicanos. Por favor, no me vaya a sacar el tema de la guerra en Irak, porque por ella votaron todos.
Entonces, cuando estoy en la urna y recuerdo la moraleja del siguiente chiste sobre los republicanos, mi mano inevitablemente se va a la derecha.
Un padre republicano visita a su hija demócrata que estudia en Harvard University. Le pregunta por sus notas. La muchacha le dice que tiene A+ en todas las materias; que pasó noches y noches enteras sin dormir estudiando, que es una “mechá”. El padre le pregunta por su amiga Elizabeth. La hija le cuenta que Elizabeth desaprobó todas las asignaturas, porque nunca estudió y se pasaba las noches de fiesta en fiesta, marihuana, novios, el “acabose”. Entonces el padre le propone a la hija que le diera a Elizabeth un poco de sus notas, que eran muy altas, dado que su amiga las tenía muy bajas, y así ambas podían promediar aprobado. La muchacha, ofendida, le gritó al padre que si él estaba loco, con el trabajo que ella había pasado estudiando mientras Elizabeth se divertía. Y el padre le contestó: Welcome to the Republic Party!













