Monday, June 2, 2008

EVEL GONZALEZ: HISTORIA Y SORPRESA, CON FOTOGRAFIAS


Si algo funcionaba bien en Cuba a finales de los ochenta, era aquello del inventario. Presenté un día mis papeles en Inmigración para pedir la salida del país, y al otro día me tocaron en la puerta para hacerme el dichoso inventario. A partir de ahí comencé a sustituir una mesa de hierro antigua, que salió clandestinamente una madrugada por el patio de mi casa, por un viejo macetero de tres patas y una superficie de cartón, disimulada bajo un mantelito bien cursi. Fueron esos días de definiciones, donde un vaso roto podía costarme el futuro, un amigo querido dejaba de visitarme, u otro se aparecía a las doce de la noche, para que nadie lo viera, porque tampoco quería dejar de desearme éxitos en lo adelante.


© Evel González

Pero, si a alguien asocio bien con esta etapa de mi vida, es a Evel González. Tenía él 20 años y compartía la pasión –que es su trademark- entre sus primeros pasos por la fotografía y el corazón de una de las mejores fotógrafas de la década del ochenta, Sonia Pérez. Recuerdo la tristeza de Evel cada vez que participaba en mis reparticiones de libros u otros objetos de valor afectivo para mí. Nos habíamos conocido un par de años atrás, nos habíamos vuelto familia, y él estaba consciente de que, sin irme todavía, ya yo no estaba allí. En medio de aquel caos emotivo y los desprendimientos, le entregué a Evel, al más joven y último en llegar de todos mis buenos amigos, el archivo de negativos fotográficos que había ido alimentando por diez años. La madrugada que me fui de Cuba, Evel estuvo con mi familia y amigos íntimos en el aeropuerto, hasta que vio despegar aquel avión de Easter que me llevaba a lo desconocido.


© Evel González

Casi una década después regresé a la Isla a ver a los míos, y ahí supe que Evel también se había marchado, “creo que a Venezuela...”, alguien me dijo. A partir de ese día me olvidé completamente de mi archivo, porque ya si no podía imaginar a quién Evel se lo había dejado.


© Evel González

Y, pasó el tiempo y pasó... hasta un día en que, alguien me visitó en mi oficina de New York, acompañado de un periodista venezolano; cuando el hombre supo de dónde yo era, enseguida me contó que trabajaba con un fotógrafo cubano “buenísimo...”, llamado Evel González. Dicho periodista venezolano regresó a Caracas con mi dirección electrónica en un papelito, para hacérsela llegar a mi entrañable amigo.


Unos días después recibí un email de Evel, cuyo texto decía al empezar: “Saqué de Cuba tu archivo. Dame una dirección para enviártelo”. Así de sencillo, como si nos hubiésemos visto el día anterior, y no hubiesen pasado tantos años y tantas cosas de por medio.


Son muchas, muchísimas, las anécdotas que nos unen. Pero, haberme cuidado mi archivo por doce años, intacto, tal como se lo había entregado, sacarlo de Cuba (una historia que Evel me debe, ojalá un día me la cuente, o nos la cuente por esta vía) y luego enviármelo, es una de las historias, cuando de la amistad se trata, que más me han conmovido en mi vida. Evel y yo no nos hemos vuelto a ver. Pero, a ratos, estamos al tanto uno del otro a través de familiares y amigos, o un par de llamadas con el Atlántico por medio, pues Evel lleva ya tiempo viviendo en Barcelona.



Después de esta larga, pero para mí imprescindible introducción, los dejo para que disfruten esta muestra de la obra actual del excelente fotógrafo que es Evel González, cuyo blog está enlazado en la sección Noche de Ronda... de El Imparcial Digital. ¿Sorprendido, maestro?


© Evel González

© Evel González

© Evel González

© Evel González

11 comments:

Anonymous said...

Ohhh!! Como no recordar aquel niño Evelito en una terraza de 16 y 17,
bajando y subiendo escaleras con sus amigos vedadenses..
Y mejor aun, después ya crecidito y siempre hermoso por las calles faranduleras de la Habana. También recuerdo aquella chica Sonia, siempre me ponía celosa cuando los veia en sus andanzas.
Oh Evel! nunca has sabido!! pero si supieras....!!

Aguaya Berlín said...

He estado también por el blog de Evel. Qué buenas fotos!!!! Y qué entran~able la amistad que los une a ustedes...

Saludos, Eu,
AB

Anonymous said...

Oigame Eufrates, ya casi no tengo palabras para elogiar su trabajo, pero lo que mas me gusta del Imparcial es la sensibilidad que derrocha. Y que buenas fotos! Me ha conmovido mucho este texto suyo, se ve que usted es una persona muy decente. Gracias

Ah, y me encanto la entrevista con Garrincha, me gustan mucho los dibujos de ese muchacho. Que sentido del humor!

Tuta

Taoro said...

Buenas fotos y una bella historia Eufrates.
Que afortunado fuistes al recuperar tu archivo.

Anonymous said...

Muy emocionada con esa foto de Evel y de mi querida Sonia, ella me hizo de las mejores fotos que tengo. Bellas fotos de Evel. Grosse Tête.

Anonymous said...
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bustrófedon said...

Tremendo ojo que tiene Evel. Y linda la historia que los hermana. Gracias por presentárnoslo. Ojalá se anime a contarte (y tú a nosotros) la historia del contrabando de tu archivo de fotos.

Yo soy Medea said...

Un amigo y una vida de fotos... dos vidas que regresan... que suerte!

Los Miquis de Miami said...

IMPRESIONANTE ESTAS FOTOS. ME ALEGRA TAMBIEN ESA AMISTAD. Y SIGO AGRADECIENDO SUS SORPRESAS.

Anonymous said...

Querido Eufrates:
Al principio pensé que serías otra persona que tiene un proyecto digital por ahí que no recuerdo como se llama, pero no menos interesante. Luego dejaste muchas pistas obvias, alguna u otra mención al pasado. En todo caso me alegro de entrar en contacto nuevamente con usted. Su reseña me conmovió sobremanera, de veras, sacudió la mata de los recuerdos, de esa época, de esa Habana, siempre llena de sentimientos encontrados, decisiones fuertes, a veces dolorosas y apresuradas, otras reveladoras. Esos finales de los 80’s para muchos fueron intensos, la perestroica invadiendo sueños, nosotros añorando y creyendo cambios, la comisión de derechos humanos en Cuba y otros borrachos de susto hacían el amor y gemían por otros. Como mencionas, yo era un jovencísimo inquieto lleno de pasiones y en busca de respuestas. Muchas obviamente no las encontré, pero parece que si influyó en una suerte de formación. Y ahora hay un reencuentro, y sospecho que habrá muchos mas, pareciera un ciclo inevitable. Hoy es un día alegre, creo que viene una buena temporada. A veces me pongo comemierda y digo que los emigrantes no tenemos derecho a la nostalgia, que tenemos que ser mas fuertes, como si fuésemos una raza nueva. Nada, tonterías que uno se impone para levantarse casi todas las mañanas. Como si el bolero fuera feo por ser triste, que disparate. Gracias por esta noche de ronda. El Imparcial Digital, querido Eufrates, es un espacio hermoso, no imparcial, pero si hermoso. Me despierta curiosidad como concilias ser severo, deliberante, sentimental y siempre alegre. Para los que siguen los capítulos, la telenovela terminó ahí, cuando Eufrates me entregó sus archivos en el aeropuerto formaron parte del mío por muchos años, hasta que apareció nuevamente, solo fui un banquero celoso de los recuerdos de alguien. Saludos, besos y sinceramente gracias por los comentarios.
Evel

Zoe said...

Bella historia, gracias.