Wednesday, April 8, 2009

ARQ. CHEO MALANGA: LA VIGIA


“Finca Vigía”

Por: Arquitecto Cheo Malanga
Fotos: Remigia Tuero, especialmente desde Cuba

Hoy viajaremos hasta la casa de uno de los escritores más importantes de la literatura norteamericana y ganador del Premio Nobel de Literatura, Ernest Hemingway.


La casa de Hemingway, actual museo, se encuentra ubicada en el poblado de San Francisco de Paula, a quince kilómetros del centro de Ciudad de la Habana. La misma descansa sobre una colina bautizada como “Vigía”, por servir de puesto de vigilancia del gobierno español durante la guerra de independencia cubana. Fue la única residencia que el escritor poseyó fuera de Estados Unidos y en ella vivió durante 21 años.


La casa fue construida en 1887, a partir del proyecto del arquitecto catalán Miguel Pascual y Baguer. La Finca Vigía fue vendida a principios del siglo XX al francés Joseph D'orn Duchamp, quien la compró con el fin de alquilarla como quinta de recreo. Fue arrendada por Hemingway en abril de 1939 por 100 pesos cubanos mensuales, quien luego se la compró al francés en diciembre de 1940, con los 18,500 dólares que ganó con los derechos cinematográficos de “Por quién doblan las campanas”, película basada en su novela sobre la Guerra Civil Española.


Antes de vivir en la Finca Vigía, el escritor se alojó en el hotel Ambos Mundos, entre los años 1932 y 1939, en la habitación 511, donde escribió algunos de sus más famosos cuentos. El hotel Ambos Mundos está ubicado muy cerca del puerto de La Habana y fue reabierto en enero de 1977, tras ser sometido a una restauración de varios años en la que se respetó la habitación preferida del novelista. La pieza que mantuvo reservada Hemingway durante varios años en el quinto piso del edificio, mantiene el piso original y últimamente ha servido como sala de exposición de algunos de sus objetos personales.


La Finca Vigía posee casi cuatro hectáreas y cuenta con siete construcciones memoriales: casa principal, torre, bungalow-garaje, piscina y pérgola, pabellón del Yate Pilar y el cementerio de los perros del escritor.


La casa principal posee una espaciosa sala, comedor, biblioteca, cuarto de huéspedes, despacho, la habitación de Hemingway y su esposa Mery Welsh y un cuarto de trabajo. En el cuarto de trabajo era donde habitualmente, en las primeras horas del día, escribía Ernest Hemingway. Acostumbraba a trabajar de pie, directamente en su máquina de escribir o utilizando un lápiz de grafito. En este lugar fueron escritas obras como “El Viejo y el Mar”, “El Jardín del Edén”, “Fiesta”, “Islas en el Golfo” y muchas más, además de cuentos y crónicas.
En la Biblioteca se pueden encontrar grandes libreros que contienen más de mil libros; entre ellos, las obras completas de Mark Twain, Honorato de Balzac, Benito Pérez Galdós y otros clásicos de la literatura universal.


La torre es una construcción añadida en 1947, en el lado izquierdo del fondo de la casa. Consta de tres pisos y 12 metros de altura. El primer piso fue destinado a los más de cincuenta gatos que habitaban la finca. En la actualidad es una sala de exposiciones transitorias para muestras relacionadas con Ernest Hemingway, tanto de piezas museables como de artistas plásticos que buscan inspiración en su vida y obra.


El segundo piso fue un depósito donde se guardaban baúles de viajes, e instrumentos de pesca y caza. Actualmente es una Sala que muestra fotografías y objetos relacionados con la actividad del escritor como pescador. El tercer piso fue preparado, por la esposa del escritor, como un estudio para que escribiera en él , aunque el lugar lo utilizó muy poco para estos fines, prefiriéndolo para revisar las pruebas de galeras de sus libros u otras actividades que no fueran la creación literaria. La azotea ofrece una impresionante y hermosa vista panorámica de casi toda la Habana, desde donde se puede contemplar el mar en los días claros.




La piscina se encuentra ubicada entre la casa principal y el pabellón de El Pilar. En ella acostumbraba Hemingway nadar media milla diariamente cuando terminaba de trabajar. Muy cerca de este lugar se encuentran las tumbas de los perros de Hemingway, Black, Negrita, Linda y Nerón.


El bungalow es una construcción de dos niveles destinada a sus hijos cuando lo visitaban; el interior fue decorado por su esposa Mary Welsh respondiendo al gusto de los jóvenes.


El pabellón para alojar El Pilar fue construido en 1993 donde originalmente estaba la cancha de tennis de la casa; el yate fue llevado desde el poblado de Cojímar hasta su morada actual, el museo. El Pilar es una embarcación cómoda y rápida de roble negro americano, construida en un astillero de New York. En ella el escritor gustaba salir de pesca con su amigo y primer oficial de cubierta, Gregorio Fuentes.


La edificación se vió expuesta al deterioro por más de un siglo de existencia, lo cual conllevó a sucesivas restauraciones entre las que se destaca la primera de carácter capital iniciada en el 2004 y merecedora del Premio Nacional de Conservación y Restauración de Monumentos 2007.

12 comments:

Anonymous said...

Muy, muy bello post. Estuve en varias ocasiones. Es increíble que haya alquilado la casa por cien pesos, y que la haya comprado luego por esa cantidad irrisoria. ¡Qué tiempos aquellos! Niobe.

jecuevas said...

Un valioso documento el que nos traes hoy. Me asombró saber que había destinado una planta de la torre para sus gatos... Los genios son así. Gracias Cheo.

Zoe said...

Estuve tantas, tantas veces allí, con mi amiga Enaida, con otras amistades luego. Una casa de escritor, verdaderamente de escritor. Magnífica. El arquitecto ha prodigado este post. Excelente. Es increíble saber lo que costaba el alquiler de una casa, como bien señala Niobe, y el precio de compra. No soy una ferviente admiradora de la escritura de H. pero he admirado siempre en él su constancia como escritor, como periodista, y su amor por una Cuba, que fue la verdadera.

Aguaya said...

Tampoco sabía lo de los gatos... qué habrá sido de ellos??
He estado allí en un par de ocasiones pero hace ya muchísimo tiempo, que ni me acuerdo casi.
Saludos!

Isis said...

Uy, me voy por completo al pasado, a todos. A ese que dice Niobe, también, cuando Cuba reía.
Gracias al arquitecto don Cheo, por sus prolíficas incursiones, y a don Eufrates.

Anonymous said...

Los gatos y los perros están enterrados allí, aunque sólo hizo tumbos de esos cuatro perros. Cuando fui había un gato precioso que merodeaba, se parecía en la barba a Papa Hemingway. Contemplar el paisaje desde el mirador es lo más parecido al paraíso, con una luz soleada, nacarada, preciosa. Gracias a Don Cheo Malanga. Sandokán.

Anonymous said...

tumbas, debí escribir... sando

Olga Admiradora said...

anoche contemple en un sueño esa vista desde la torre de la Vigía pero más cerca, estaba más cerca del mar, y el mar estaba furioso y venía hacia nosotros con inmensas olas...
este post podría ser publicado en la Revista Architectural Digest... te quedó especial, Cheo. Gracias a la Tuero por las fotos.

Neysa G said...

Gracias Arq. Cheo, un lugar que visite mucho cuando era chiquita. Muchos datos curiosos usted siempre nos brinda.

Anonymous said...

Arquitecto, usted es increible, yo pase por la Finca alguna vez y hasta converse con Gregorio, imaginese, ventajas que tiene la edad. Hemingway es de mis autores favoritos para que sepa.

Tuta

JR said...

Excelente. Sólo un detalle falta, estimado Arquitecto, quizás un tanto subjetivo e hipersensible, pero que me tocó percibir durante los dos años que trabajé allí como especialista de servicios educacionales. La presencia del Viejo se advierte, y no hablo metafóricamente, no, no. Se nota en el ronroneo de los gatos alrededor de alguien invisible. En los libros y revistas que aparecen fuera de lugar y que revelan algún apunte inédito. En los sonidos inusuales, sobre todo cuando cae la noche, como por ejemplo, el tintineo de los hielos en los vasos de la sala junto al butacón con el reposapies o el ruido de la balanza en el baño donde comprobaba y anotaba compulsivamente su peso corporal antes de ducharse. En la enorme mancha blanca entre la oscuridad de los mangales, espantando a los chicos del barrio que se colaban en las noches de julio a repletar sacas de la apetecida fruta. En la carcajada ante el despetronque de los fiñes que espantados se volaban las cercas, mientras gritaban aterrorizados "atajen que ahí viene el spíritu de Papa, coño, atajen!" hasta que quedaba sola aquella risa de barítono retumbando en la finca.

Anonymous said...

Querido JR, esos cuentos fantamas parecidos a los que cuentan del Huron Azul hace rato que estan gastaditos..no te parece?