
Vivian Gude, a quien ya les había presentado en el post “Un eslabón perdido”, escribió especial para El Imparcial Digital este íntimo texto sobre los recuerdos que ella atesora de su primer novio: Sergio Corrieri. Y sobre el contexto histórico y artístico que ambos compartieron y que definió luego el rumbo de sus vidas. También ofrece fotos inéditas o muy poco conocidas de Corrieri, de su archivo personal.
NOSOTROS QUE ÉRAMOS TAN PUROS
Por Vivian Gude
Acabo de enterarme de la muerte de Sergio Corrieri. No sólo fue mi primer novio, sino mi primer hombre, hace mucho, mucho tiempo.
Su recuerdo me lleva a una idea sobre un guión cinematográfico que acaricio desde hace mucho tiempo, “Ajuste de cuentas en Argelia”.
Por supuesto, tiene tanto que ver con Argelia como la China con “Otoño en Pekin”, de Boris Vian. Argelia es aquí sencillamente la tierra de la ETERNA REVOLUCIÓN.
El principal personaje masculino es una combinación de Sergio Corrieri y el poeta chiapaneco Eraclio Zepeda, ambos por razones similares.
Zepeda, colaborador del gobierno mexicano de José Luis Echeverría y más tarde político de la gleba, mantenía una pequeña habitación llena de recuerdos de sus años de estancia en Cuba. Cuando entraba allí, donde había álbumes incluso con boletos de guaguas cubanas, retrocedía a su juventud, a sus tiempos de comunista dogmático que, en su caso, fueron sus tiempos de pureza.
Nosotros pertenecimos a una generación de puros y ahí reside nuestra tragedia.
Quizás fuimos la última generación que creyó que podía cambiar el mundo y que lo podía convertir en un lugar más justo. A nuestro modo fuimos renacentistas.
Sergio fue un renacentista.
Corrieri interpretando a Edmund en “Viaje de un largo día hacia la noche”.Cuando le conocí, en el otoño del año 1958, tenía 19 años y acababa de ganar un premio al mejor actor con el Edmund de “Viaje de un largo día hacia la noche”.
Era ya un hombre maduro a quien el mundo le pesaba en las espaldas.
Recuerdo haberlo conocido en Teatro Estudio cuando tarareaba una fuga de Bach. Ya era profesor del centro donde yo, vestida con uniforme de colegiala, iba a estudiar actuación. Yo tenía 15 años precoces.
Sergio, tal como lo recuerda la autora cuando se conocieron.Muy en concordancia con aquellos tiempos y con Teatro Estudio, donde ser sensible era la moneda de intercambio, Sergio andaba en leotard y sin zapatos. A algunos les puede resultar difícil ver a un Pastor Vega, por ejemplo, incrustado en aquel ambiente, pero la verdad es que también lo estaba. Como lo estaban Gilda Hernández -madre de Sergio-, Roberto Blanco, Lillian Llerena, Vicente y Raquel Revuelta, Ernestina Linares (esa enorme actriz que murió tan joven), Miguel Navarro, Helmo Hernández y Miguel Barnett.
A todos nos arrastró la revolución que en un principio desató un ansia de libertad y una creatividad irrefrenables.
Durante la filmación del primer largometraje producido por el gobierno de Castro: “Historias de la revolución”; 1960.De actor, Sergio pasó a dirigir también. Se compró una cámara Leica y comenzó a fotografiar, y a escribir. Era un hombre de gran talento que se destacaba en todo lo que acometía, por lo que muy pronto comenzó a mostrarme fotos exquisitas y escritos que recuerdo como muy interesantes.
En la relación personal no nos hubiera pasado por la cabeza ni por un instante el sernos infieles. Los hombres de nuestro tiempo llevaban collares afro al cuello que nosotras las mujeres, sus mujeres, les colgábamos como símbolo, tanto de los nuevos tiempo que ensalzaban la cultura afro-cubana, como del compromiso de nuestros hombres con nosotras en relación con ese tiempo. Eran nuestros anillos de compromiso, visibles en amarillo y verde, blanco y rojo, o incluso púrpura y marrón.
Durante la filmación de “Historias de la revolución”; 1960.
La valentía era el modus operandi. Creíamos en la racionalidad, en Edith Piaff, en la verdad a toda costa, en Pierre Henry, en Ingmar Bergman, en la libertad sexual, en Maiakovski, en Miguel Hernández y su cosmo de pastores, en Yves Montand, en el marxismo-leninismo, en Walt Whitman y en La Pasionaria....
Creíamos.
Yo me fui becada a Rumania y Checoeslovaquia y regresé en 1962 a un mundo sin Sergio, pero donde la flexibilidad de Vicentina Antuña, presidenta del Consejo Nacional de Cultura, fue sustituida por el dogmatismo de Edith García Buchaca, ese tenebroso personaje que se convirtió en la omnipresente comisaria política del organismo.
A un mundo que cambiaba, o que quizás había comenzado a mostrar su color. Un mundo donde los arribistas, aprovechados y acomodados comenzaban a echar de lado a los puros, a los que de veras se habían creído el cuento y empezaban a resultar incómodos.
El Consejo Nacional de Cultura se llenó de incondicionales, pero Sergio no se daba cuenta. O no lo quería admitir, mientras le asignaban un bello apartamento en Miramar para vivir con su madre.
Sergio Corrieri, muy en el método Stanislavski.
Así comenzó Sergio Corrieri a andar la viciada cuerda floja entre las buenas intenciones, el recuerdo del sueño de un mundo mejor, las ventajas materiales y sí, quizás también el miedo a disentir y ser separado de un Edén que nosotros mismos habíamos creado.
Yo lo vi, yo estaba allí.
Aquel ser extraordinario, extremadamente dotado, precoz, se sumó a los ciegos que no quisieron aceptar que se habían engañado con un espejismo y escogieron ser secundones de personajillos que sencillamente se aferraron al poder.
No creo que haya sido feliz con eso, pero fue la opción por la que se inclinó, y en esa opción resultó no ser lo peor: no conozco a nadie que diga que Sergio Corrieri le haya perseguido.
Aunque recuerdo sus andanzas, reales o inventadas, según él “cazando bandidos”.
A través de los años me lo encontré en México, donde almorzamos juntos a pesar de que yo ya no estaba bajo el control de los represores cubanos. Me buscó en Suecia cuando vivía allí. De vez en cuando me enviaba saludos con alguien de paso. Nunca renegó de mí.
Y me sigo preguntando si nuestra historia fue sencillamente otra historia más de juventud. ¡Es tan fácil ser joven y puro! Lo difícil es permanecerlo cuando la vida comienza a presionarnos desde todos los costados.
Sergio no aguantó la presión.
Ahora que se ha ido prefiero recordarlo durante aquellos pre-tiempos en que éramos jóvenes y puros.
Vivian Gude y Sergio Corrieri cenando en la terraza de un café en Regla, circa 1961.