Monday, April 7, 2008

DESDE LA OTRA ORILLA DE LA PELICULA

Cuando llegué a vivir a Miami, de todos los amigos que fui re-encontrando, o los nuevos que fui conociendo, el último llegado había sido a través del éxodo del Mariel. Por lo tanto, con ninguno de ellos podía compartir todas aquellas experiencias tan estimulantemente sui generis que traía frescas de Cuba, vividas durante los 80 en La Habana. Y, las urgencias de una vida nueva, el cúmulo de información que me iba entrando, los demonios del cultural shock y la supervivencia por tantos afectos dejados atrás, se encargaron de guardar todos aquellos recuerdos en la última gaveta de mis emociones. No tenía con quien revivirlos, ni tiempo que dedicarles.

Así fue que crucé de una vida en blanco y negro a una en colores, llevado de la mano, sobre todo, por mis amigos cuban-americans.



Mi amiga M., por ejemplo, había nacido en Cuba, pero como sus padres la trajeron a Miami cuando ella tenía 4 años, sus recuerdos de la Isla eran abstracciones de una pared con el retrato del Sagrado Corazón de Jesús, o de una puerta hacia un jardín con mucha vegetación y luz. Mi amiga M. fue la primera que me hizo una de las preguntas extrañas, a las cuales poco a poco me fui acostumbrando.

Fue en un día soleado, bañándonos en South Beach, cuando Ocean Drive sólo tenía El Cardoso y News Café, y quizás un par más de cafeterías o restaurantes, empezaban a abrir toda la calle con taladros, y los judíos vestidos de amarillo y naranja, que habían venido a retirarse a la playa, se preguntaban qué iba a ser de ellos con tanto movimiento de construcción por el área. Con ese escenario de fondo, y el agua tibia del Atlántico hasta el cuello, mi amiga M. me preguntó: “Chico, explícame una cosa. ¿Qué quiere decir internacionalismo proletario?”


Era aquella época en que mi vecino F. me metía unas muelas en un español de Los Pocitos, con boca virada y todo, mientras se fumaba su joint de las diez de la noche en el jardín; por su jerga y su aguaje, ni me había molestado en preguntarle si era de La Habana o de Guamuta. Hasta un día en que F., sin ton ni son, me empezó a contar sus experiencias de la invasión estadounidense a Granada de 1983.

La primera señal de alerta la tuve cuando me dijo que él fue uno de los primeros paracaidistas de la 82 División Aerotransportada que cayó sobre la pista que construían los cubanos en aquella isla caribeña. Así fue que me enteré que mi vecino F. había nacido en Washington, D.C., hijo de dos cubanos que habían abandonado el país en el mismo 1959, antes de que él naciera, mientras él me contaba como se entregaban mansitos los constructores cubanos, en aquellos mismos momentos en que en Cuba la radio nos decía que “... envueltos en la bandera cubana se inmolaban por la patria”.


De los nuevos amigos que iba haciendo, había un grupo que era el in. Aquella gente me encantaba, porque tenía la última en todo, además de la mejor música underground. Lo mismo me llevaban a Fire&Ice por las noches que a los Thriff Shops por las tardes, me enseñaban los secretos de la buena costura y asuntos de peletería, y hasta dónde había que ir para comprar más barato. La diferencia de dormir en sábanas con unos cuantos cientos de hilos más, o la inmortalidad que se experimenta al conducir un buen carro del año. Un grupo que odiaba la Calle Ocho y se reunía en aquel íntimo y poco iluminado Coconut Grove, que todavía no tenía el dichoso Mall.

Con ellos me acostumbré a descifrar un español caprichoso que rara vez llegaba sin mezclarse y nunca aterrizaba correcto. También con ellos aprendí a ser tolerante, sobre todo en momentos como aquel en que mi amigo D. me decía, mientras buscaba un CD específico de su colección desorganizada, que lo disculpara porque “todavía no había alfabetizado los discos”.


Si mi amigo B. me preguntaba en un velorio “¿a qué hora siembran a la difunta?”, ya yo le respondía que después de la Misa, como si aquello fuese lo más normal del mundo. Si me pedían la arramienta yo se las daba, y si me decían que una camisa no era una prenda –de vestir, para mi tan obvio omitir-, “porque prendas son los anillos, los collares de perlas y los aretes de brillantes”, ya ni me provocaba risa, le explicaba rápido para salir del paso and you know, move on...

De pronto se me volvió más fácil decir rescue que camión de rescate o ambulancia (palabra que toda la vida me ha costado trabajo pronunciar), o pedir prestado un jump cable que los cables para darle carga al acumulador del carro, para que me entendieran rápido y no se demoraran en traducir aquello al inglés, que yo andaba apurado, que la vida era urgente, que no me alcanzaba el tiempo...


Quería dedicarle este post a mis amigos cuban-americans, a todos aquellos que me acogieron sin preguntarme de qué barrio de La Habana yo era o qué carrera había estudiado. Quienes, siendo el inglés su primer idioma, lo cambiaron al español para poder comunicarse conmigo, a pesar de mis carcajadas arrogantes. Los mismos que, cuando niños, sufrieron sus traumas de no ver más a sus primos o a sus amiguitos de infancia, o sólo recuerdan a Cuba a través de los cuentos de sus padres, cuentos nublados que ya están sepias por el tiempo.

Casi todos ellos tienen un denominador común. Crecieron bajo la angustia de unos padres que perdieron lo mucho o poco que tenían allá en Cuba, y luego en Miami se ausentaban día y noche de sus casas cubriendo dos empleos a la vez para salir adelante. Sus referencias vitales viajan de "The Price is Right" a "Qué pasa USA?", o de “Will & Grace” a “Living Single”. Si le dices a uno de ellos que “queme las naves”, posiblemente te enumere sus bienes y finalice con “¿cómo voy a quemarlas con tanto trabajo que me han costado?”, porque nunca oyó hablar de Hernán Cortez. O escuchó el nombre una vez pero ya lo ha olvidado.


Hoy día, casi todos, hombres y mujeres exitosos en sus negocios, con un español mejorado por tantos cubanos nuevos que encuentran a diario; tan ligeros como siempre, risueños, cálidos; más gordos, más calvos, enredados con hijos, sobrinos y hasta nietos. Contándome del último BMW, del Porche, del cuartico arriba de la piscina, para cuando vaya a visitarlos.


Los mismos que veinte años después, me pagan con la misma moneda de la risa, cuando les cuento que cerca de casa hay una mosquita árabe, porque ya aprendieron la diferencia entre mosquita y mezquita y soy yo ahora a quien le ha dado por confundir palabras. Esos son mis amigos cuban-americans, los cubanos de mi generación que sufrieron el experimento castrista, afortunadamente para ellos, del otro lado de la película.


(Fotos: Eufrates del Valle, 2006. Fulgencia, te debo este post...)

25 comments:

Güicho said...

Caño, qué chévero te quedou iso, cheeco!

Eufrates del Valle said...

Gracias Guicho, me alegra mucho que te haya gustado.

Anonymous said...

Amen to that, man! You nailed it!

Mr. Burns

Eufrates del Valle said...

Thanks Mr. Burns, like always, you are very welcome!!!!!

Jose Aguirre said...

Eufrates, que bueno escribe usted!
Con este post me he reido y he llorado! Gracias!

Eufrates del Valle said...

Gracias estimado Aguirre, gran placer tenerlo por aqui. Si rio y lloro, es porque sabe bien de lo que se trata.

Tuta said...

Ay, me ha conmovido Eufrates, imaginese que yo tambien pase por lo mismo. Ya no le digo a nadie que no me llame pa'tras, que me llame pa'lante que es como me gusta mas. Lo importante es que me llamaron y todavia lo hacen.

Eufrates del Valle said...

Que bueno, Tuta, cuanto me alegra por usted... Mis saludos.

GeNeRaCiOn AsErE said...

Tengo varios amigos cuban americans, entree ellos una mama, un hermano y una cunada postiza.
Somos lo mismo, en el sentido mas grande de laa palabra.
saludos, tony.

Los Miquis de Miami said...

sí, está muy bueno, y creo que esa generación le dará una visión muy interesante a esa Cuba post Castros, cuando vuelva a ser un país normal. el espíritu emprendedor y el conocimiento de las reglas del mercado y de la libertad, serán muy provechosos dentro de esa nueva Cuba.

Joaquin Estrada-Montalvan said...

Esa experiencia la hemos vivido todos de alguna manera,

Siempre me ha llamado la atencion como muchos cuban americans , intentan todo por ser cubanos, mientras en Cuba, los jovenes (muchos) aspiran a parecer un yuma

saludos

Eufrates del Valle said...

Miquis y Joaquin, ambos mucha razon. Ellos son los mas preparados en cuanto a negocios, a los codigos del primer mundo, y a la vez, incluso hasta los que nacieron ya en Miami o USA, llevan su raiz cubana con mucho orgullo, y mantienen las tradiciones familiares y sociales como debe ser. Yo tengo mi teoria: Ellos fueron los ultimos que aprendieron de la Cuba original, de esa que ya no existe, esa Cuba que al final es la que nos hace sentirnos orgullos de esa Isla y a la que quisieramos reconstruir. Un dia lei en Babalu, un poema de uno de ellos, que no habia nacido en Cuba, y no pude evitar llorar (y yo soy fuerte para el llanto), pero ese poema me atravezo. Un dia se lo voy a pedir para publicarlos aca. Gracias!

Ernesto said...

Magnífico post, Eufrates.

Anonymous said...

gracias, un análisis magnífico,
danáide

Eufrates del Valle said...

Gracias Ernesto y Danaide!

Jorge A. Pomar said...

Impactante, crashing, caro Éufrates. Qué poder de síntesis para describir un politraumatismo cultural de la máxima complejidad.

En efecto, si comprenderse entre cubanoamericanos llegados a La Florida en distintas épocas es tan arduo, imagínate cómo será tratar de explicar Cuba en Alemania frente a la competencia de legiones de jineteras, pingueros y teutones castrosimpatizantes.

Gracias por el insight en esa problemática local, que a menudo me desconcertaba durante mis dos estancias en Miami años ha. Congratulations, brother!

El Abicú

garrincha said...

niiiice.
mejor dicho:
ta voláo.
gracias mil por el post, man.

Anonymous said...

Volao. Muy bueno Don Eufrates.

Partir al exilio es pasar una escuela de humildad.

Muchas gracias

César Reynel Aguilera

Eufrates del Valle said...

Gracias a usted, Garrincha, Abicu y Cesar, sus comentarios honran a El Imparcial Digital.

Como dijo Cesar, el exilio es una escuela de humildad, donde todos tenemos que aprender de todos... y los mas calificados intelectualmente no deben mirar por encima del hombro a los menos aventajados en ese departamento, porque de ellos tenemos que aprender muchisimo tambien...

Anonymous said...

Eufrates, excelente, mi amigo! Un abrazo.
César Beltrán

JR said...

Muy lindo post, Eufrates. Me has conmovido, man. Coño, cuando pases por West Miami tienes que echarte un arroz con pollo y unos lagartos con nosotros.

Eufrates del Valle said...

Gracias Cesar y JR. Cuando baje a Miami voy a organizar un party con todos mis amigos cuban americans, y todos los digitales... que diversion!!!! JR, tu pones el arroz con pollo!!!

La Gude said...

Eu, era el escrito que te faltaba, tu asignatura pendiente. Recuerdo muy bien esa expresión de "el mundo se volvió de colores".
Contiene ambos mundos y, en ese sentido, es un puente amoroso.
Te felicito.

Eufrates del Valle said...

Gracias Vivian, recuerdas? Cuantas anecdotas de aquella epoca...!

Isis said...

Que llego tarde, que estaba "afuera". Nada tengo que agregar a los comentarios aquí ya vertidos, tan sólo que los subscribo. So good, Eufrates.