Tuesday, November 11, 2008

EN HUDSON VALLEY

Foto tomada de www.City-data.com.

La primera vez que escuché nombrar el pueblo de Poughkeepsie fue hace seis o siete años, el mismo día que llegué a su estación, después de dos horas en tren bordeando rumbo norte el río Hudson. Durante aquel viaje disfruté de un espectáculo de la naturaleza que recomiendo al visitante, sobre todo al que viene de la Florida saturado de planicie, aunque para ello sacrifique un día de su estancia en la Ciudad.

Casa natal de la F.D. Roosevelt en Hyde Park, NY. Hoy museo.

De Poughkeepsie viajé seis millas más, en carro, nuevamente hacia el norte, hasta un pueblo llamado Hyde Park, cuna del presidente Franklin Delano Roosevelt y ex-paraje veraniego de los Vanderbilt. Y allí, en Hudson Valley, encontré un paisaje paradisíaco, donde las montañas de los estados de New York y New Jersey se insertan –relajadas unas frente a las otras- en ambas riveras del río, con una vasta vegetación exquisitamente sensible a la luz que trae cada estación, que no podía ser más ideal para estas dos familias de grandes fortunas y renombrados apellidos. Una, conservadora y cómodamente sencilla; la otra, excéntrica y despampanante.
Casa de veraneo de la familia Vanderbilt, Hyde Park, hoy museo.

Hyde Park es un pueblo de aproximadamente 30 mil habitantes, con construcciones del siglo XVIII muy bien conservadas, enclavado al noroeste del Condado Dutchness del estado de New York. Si bien mi visita estaba relacionada con asuntos personales, en Hyde Park conocí a un matrimonio -hoy día ya octogenario- con una singular historia.

“Autorretrato” de Antonio Márquez; tinta frotada sobre foto.

El, un español llegado al Seminario Jesuita de Hyde Park en los años cincuenta, quien luego colgó los hábitos para casarse con una nativa del pueblo, cuyo padre había trabajado en la plantación de los Roosevelt. Al conocerlos en dicho viaje ya en el otoño de sus vidas, Antonio se dedicaba a escribir, dar conferencias en universidades, y también a una de sus grandes pasiones: la pintura. Por su parte, y muy activa, Margaret estaba estrechamente vinculada a la comisión histórica de Hyde Park. Acompañado por ambos, visité las mansiones de los Roosevelt y Vanderbilt, y tuve conocimiento del siguiente detalle histórico.


Una de las imágenes del presidente F.D. Roosevelt que aparece en uno de los brouchures turísticos del pueblo (foto completa que me cansé de buscar en internet para este post con nulos resultados) había sido tomada, nada menos y nada más, que por aquella dulce y pequeña anfitriona de grandes y pícaros ojos azules y cabello plateado, que apoyada en mi brazo me había mostrado los rincones de su pueblo natal: Margaret Logan.

Margaret tenía 16 años cuando le pidió a su padre -empleado de la plantación- que intercediera por ella con el Sr. Roosevelt. Había comprado una cámara por un dólar y quería hacerle un retrato al hombre más famoso de su pueblo. Así de sencillo. Revisando el brouchure, que Margaret tuvo la gentileza de firmarme, encontré esta otra imagen, de un F.D. Roosevelt más viejo, con pie de foto que lo identifica con la nieta del cuidador de su propiedad. Como perdí los datos para contactar a este encantador e interesante matrimonio, no puedo confirmar que sea hija de Margaret, aunque reconozco algunos de sus razgos en la cara de la niña.



Lamentablemente viajé a Hyde Park sin cámara, pero mis recuerdos de ese día los conservo bastante nítidos. Es que no salía de una sorpresa para entrar en otra, como la de la experiencia de un six degrees of separation, cuando Antonio y Margaret me contaron los pormenores de su luna de miel... en Cuba.



7 comments:

A Cuban In London said...

Interesante cronica, don eu, como siempre, un placer pasar por aca.

Saludos desde Londres.

Taoro said...

!!!!Bello paseo!!!.
Siempre he admirado a dos presidentes estadounidenses, Ronald Reagan y Franklin D. Roosevelt.
Eufrates, aunque su narración es igualmente ilustrativa, es imperdonable el hecho de que no haya llevado su inseparable camara.

Isis said...

Wunderbar !, Eufrates, qué historia, y qué reportaje. Qué placer leerte.

Marta G. said...

Quisiera en estos momentos estar paseando por ese pueblecito con tanta historia, con el contraste de sus montañas y el verde de la vegetación que tanto me encanta, es cierto aquí en la Florida estamos saturados de la planicie, la suerte es que estamos rodeados por lo menos del mar que no nos puede faltar. Un saludo desde Miami
Marta G.

Olga Admiradora said...

Que historia más interesante, una delicia tu crónica.
Thank you.

Aguaya Berlín said...

Ah, qué lindo paseo... y cuánta historia detrás!

Neysa G said...

He sentido que he viajado con usted. Muy bello.