Friday, February 20, 2009

LUJO CON PESADILLA


Si el transporte público de una ciudad funciona bien, un carro se vuelve un lujo y hasta una pesadilla. Sin embargo, les cuento que en una época se me antojó uno para aquello de los fines de semana, recorrer las montañas de Upstate New York, bordear el Hudson River, desviarme a Connecticut más rápido que tres y dos, o llegar hasta Boston al cantío de un gallo..

Si bien entresemana lo mantenía aparcado, los fines de semana en que la isla de Manhattan se torna ciudad medio vacía y casi humana, el carro se convertía en pura diversión y comodidad. Ni la nieve ni la lluvia, ni un verano agotador con su horno subterráneo, eran obstáculos para resolver varias cosas pendientes en un mismo día, satisfacer antojos repentinos como una sopa Siete Potencias de mariscos frescos en la calle 207 del barrio dominicano, o un brunch reposado en Alphabet City sin quitarme siquiera las pantuflas hogareñas. En minutos llegaba a cualquier punto de la ciudad.


Claro, sucede que hay lujos que van más allá del bolsillo; guardarlo bajo techo en uno de los parqueos interiores de los rascacielos del barrio sumaba de $270 a $370 extras al mes, lo cual no estaba contemplado como opción en mi budget. Sólo quedaba la calle. Y ahí comenzó la pesadilla.

Si el domingo en la noche me cogía en la carretera, conducía de regreso a la ciudad obsecado con la idea de que no iba a encontrar espacio libre, que me esperaban tres horas dando vueltas por manzanas aledañas, con final feliz -si es que lo había- de un hueco demasiado pegado a la bomba hidráulica prohibida, bajarme a contar los 13 pasos legales entre el bumper y la bomba, y caminar entonces las cinco cuadras de distancia hasta la casa.


Luego venía la fase dos de la pesadilla; recordar que al anochecer del lunes tenía que mover el carro para la acera contraria, que sería la permitida del martes; que el martes por la noche era algo así como noche feriada, porque el miércoles se podía aparcar en ambas aceras; pero que no se me olvidara el miércoles de cambiar nuevamente el carro para la acera licenciada del jueves, y el jueves por la noche repetir el asunto en reversa para el viernes.

Desistí de ese lujo de fin de semana, agotado de regir mi vida por el horario de la limpieza de la calle los cinco días restantes. Vendí el carro en detrimento de aquellos deliciosos sábados y domingos.

Fotos: Eufrates del Valle.


14 comments:

Anonymous said...

Ay Eufrates, no me hable de carros estos dias: mi transportation esta al darle la pata a la lata,ji,ji. Bien que entiendo esa pesadilla.

Tuta

Isis said...

Deliciosa crónica. Hiciste muy bien en vender el carro. Para qué hace falta ?

Anonymous said...

Same problems dude, even worse nowadays, but still hangin' in there con el Chevy. Enjoy the post

Mr. Burns

Taoro said...

Excelente crónica Don Eufrates.
La he leido sintiendo una envidia descomunal, la de no tener que depender de esa mutación genética de cuatro ruedas. Quien junto al celular se han convertido en apéndices de nuestro cuerpo.
Saludos a su ex-copiloto, Doña Escólastica.

lola said...

Nosotros no tenemos coche (carro) vivimos cerca de todo lo necesario y si alguna vez lo hemos echado de menos ha sido cuando la niña era pequeña para poder llevarla a pasear al campo con más frecuencia. Pero tener coche aquí es como mantener un hijo bobo en la universidad, entre gasolina, impuestos y garaje se va la mitad del sueldo. Además del peligro que supone dejarlo aparcado en la calle. Aquí hay gente que se gasta un dineral en un Mercedes y luego lo dejan tirado en la calle, algo que nunca que logrado comprender.
Saludos!

Zoe said...

Yo sigo en la guagüita de San Fernando.

Taoro said...

WOW Zoe, hacia años que no escuchaba esa frase, me recordó mi niñez. Mi madre me la decía cuando yo le preguntaba, antes de salir, en que transporte iriamos a hacer sus visitas. No me caia nada bien esa respuesta.....En la guaguita de San Fernando, un ratico a pie y otro caminando.
Desgraciadamente en esta ciudad no nos queda mas remedio que contribuir a llenarles los bolsillos a la General Motors, a las compañias de seguros, a las compañias de petróleo y de vez en cuando al Miami Dade Police Department que nos premia con algun ticket de tránsito.

Güicho said...

Entiendo tu sentir, don Eufrates. Situación equivalente viví en Europa. Cuando necesitaba un carro, lo alquilaba y punto. En Miami tuve que comprarme uno, porque sino... bueno, a quién se lo cuento! No obstante, a todo lo que me queda a menos de una cuadra sigo yendo a pie. La mayoría de las veces.

Anonymous said...

Sí, un auto es un problema más. Aunque cuando andas en tacones, bien vale tenerlo. Niobe.

Neysa G said...

Pues yo voy en el carro a casa de mi vecina, que vive en la esquina, para no tener que caminar. Que verguenza Dios mio!!!!!

Anonymous said...

Alterno, porque en el auto ves lo que no ves en el metro, y viceversa. Sandokán.

Anonymous said...

No camino para nadie, ni hago colas. Raysa.

Olga Admiradora said...

...me encanta el caminar por las calles de una ciudad pero a la hora de irme... y mi carro?, donde esta? esa libertad de moverme hacia donde yo desee y en la direccion que quiera, la necesito; en mi "paloma blanca" me maquillo todas las mañanas a la luz del sol en el parqueo de mi trabajo, tengo mantas y abrigos por si hay frio, llevo sandalias por si los tacones me cansan, cargo con mis compras... Adoro a Ford por su invento, hasta su maravillosa casa (y tambien de Edison) fui a Fort Myers, Fl a venerarlos por ser de mis "idolos" - auto y electricidad - que genios!
Solo por NY sacrificaria mi carro, pero lo extrañaria mucho mucho...

Al Godar said...

Exactamente lo mismo me pasaba cuando vivia en Montreal: El carro era una jodienda innecesaria y cara.
Otra historia es aqui en las afueras. No hay lios con el parqueo y el carro es una necesidad porque el transporte publico es simbolico.
Saludos,
Al Godar