Monday, May 26, 2008

MI ABUELO


Puedo decir que existo gracias a la invención del teléfono. En los años 20 del siglo pasado, mi abuelo materno era operador de aquella moderna compañía telefónica de la Habana. Moderna para los tiempos, claro está. A su vez, la que después llegaría a ser mi abuela, era una joven veinteañera en cuyo hogar disfrutaban del novedoso invento.
La historia comenzó cuando mi abuelo quedó prendado de la voz de aquella joven que, a ratos, le pedía comunicación con otras líneas. Hasta que un día mi abuelo, temerario como era, la interceptó, y luego de varias conversaciones extra laborales, le dijo que ya sabía donde vivía. Como el tranvía pasaba justo frente a la casa de ella, se pusieron de acuerdo: Mi abuela se sentaría en el portal, y mi abuelo pasaría parado en la parte trasera del tranvía, justo al lado de la escalerilla, y se quitaría el sombrero. El resto ya es historia.



Mi abuelo recibió de unas tías una herencia: Tres edificios de apartamentos en la Víbora, que les dio a la pareja para vivir, sin grandes lujos, pero cómodamente, y proporcionarle una buena educación a sus tres hijos. Pero mi abuelo, bien parecido y seductor, no era hombre de quedarse en casa. Consiguió un part-time de contador por el puerto, como fuente de ingresos adicionales, y un poco también para –como sospechamos en la familia- facilitarse algunas correrías.

Machadista en la primera etapa del General, mi abuelo fue anti-machadista en la segunda. Sin embargo, donde más le gustaba medir sus capacidades con aquel Gerardo Machado era en las Regatas de Varadero. Según mi abuelo, hasta le ganó una noche en un concurso de baile. Como buen cubano de su época, era ortodoxo y llamaba a Chibás Edy, y se conmocionó y lloró con aquel tiro cuyo eco resonó en la radio cubana, tiro que dejó sin esperanzas a su generación. Mientras, al anochecer allá en el Puerto de La Habana, se iba al Sloppy Joe’s con sus amigos portuarios, o se quedaba conversando con uno de sus más íntimos, llamado Lázaro Peña.

Según mi abuelo, el pobre Lázaro no pudo cumplir en vida uno de sus grandes deseos, el de volverlo comunista. Le decía: “Pero, Lázaro, como voy a dejar de ir a tomar cervezas con los muchachos por asistir a una de esas reuniones aburridas a las que tu vas”. Sin embargo, a pesar de sus diametralmente opuestas ideas políticas, fueron grandes amigos, y mi abuelo siempre habló de Lázaro con sumo respeto. Es que así era la Cuba de su época, un país heterogéneo, donde se podía pensar y opinar diferente, sin quebrarse los sagrados lazos de la amistad, y mucho menos los de la familia.



La llegada de los barbudos a La Habana en enero de 1959, mi abuelo la observó con distancia y reserva. Dejó bien claro que él no se iría de Cuba, porque no estaba ya en edad de aprender otros idiomas, de pasar frío o empezar de cero. Que aquel era su país y que allí se quedaba. Meses después, con la firma de la ley de Reforma Urbana, el nuevo gobierno se apropió de sus edificios.

Paralelamente, los estantes de las bodegas comenzaron a vaciarse. Fue entonces que mi abuelo dijo que hasta que “esos muchachos” no volvieran a llenarle su viandero, él no asistiría nunca a ninguna de aquellas manifestaciones para aplaudirlos. Nunca se inscribió en los CDR. Nunca participó en nada. Y criticó a mi madre cuando permitió que a sus nietos nos convirtieran en pioneros.

Cuando pienso en lo que para mí es un cubano, veo a mi abuelo con su guayabera de hilo blanca, sus pantalones anchos con pliegues, sus zapatos de dos tonos. Alto, serio, imponente, en la calle y para los vecinos. Normalmente reservado. Pero, cuando en la calidez de las reuniones familiares hablaba, sus palabras eran sentencias, en unas ocasiones, o motivo de risa para el resto de la noche. Mi madre, recuerdo, nunca fumó delante de él, decía que por respeto.


Mi abuelo con mi hermana.

Mi abuelo vivió noventa años, según él, gracias al limón que siempre le echó a su agua de beber, a la miel de abeja para no contraer catarros, al aceite de hígado de bacalao contra los males que traen los frentes fríos. Curó sus problemas de la cervical con una cucharada matutina de aguardiente con ajo, arriesgándose siempre en las redes del mercado negro a partir de que las bodegas se llenaron de carteles revolucionarios mientras disminuían los víveres.

Durante el período especial, me contaba mi madre por cartas, a mi abuelo se le agotó esa capacidad que tenía de mirar con indiferencia la vida de sacrificios impuesta por aquel gobierno, como si a él no le tocasen sus dosis, haciendo gala siempre de su frase preferida: “Genio y figura... hasta la sepultura”, a pesar de que a uno de sus hijos lo encerraron en una cárcel por muchos años, por tratar de irse del país en una embarcación, en los años sesenta. Nunca lo oí quejarse delante de los niños de la familia. Pero siempre percibí que detrás de sus grandes ojos azules había un dolor no compartido.

Murió, según me contaron en cartas, después de resbalar en la bañadera y darse un golpe en la cabeza. No lo dijo. Y esperó irse de este mundo con el mismo garbo con que había vivido. Mi madre me explicó luego que abuelo no pudo reponerse de la humillación que representaba para él no poder tomarse el agua con limón; mucho menos la de sentir hambre y que su propia hija le dijera “papi, hoy a ti te serví hasta un poquito más”. El período especial lo mató de hambre, rabia y tristeza... Mi abuelo es uno de mis héroes.

13 comments:

Aguaya Berlín said...

Me conmovió tu historia, tan bonita, Eu! y qué sentida...

Isis said...

De llorar, Eufrates.
Lo que más me gusta es que Lázaro Peña no consiguió nunca de él hacer un comunista.
Qué viva tu abuelo!

JR said...

Sabes, Eufrates? Me lloviznaron los párpados. Me recordó a papo (yo soy hijo de viejo)quien tendría ahora 106 años. Después de tanto bregar y lograr honradamente lo suyo, murió de igual causa: desrevolución.

Eufrates del Valle said...

Wow, jr, me mataste con la definicion de la causa. Gracias.

Y, tambien gracias a mis amigas, tan lejanas y tan cercanas, Aguaya e Isis.

No importa el background social y economico, el cubano tenia ese garbo que siempre tuvo mi abuelo.

Nunca los Castro y su comitiva podran pagar todo el dano que hicieron, y lo peor, cuan profundo!

Anonymous said...

Don Eufrates, estoy lejos; me tomo el tiempo de leerlo. Bello texto, un hermoso homenaje. Grosse Tête.

Laz said...

Eufrates, tragica pero gallarda historia intima y personal pero representativa de cientos de miles de cubanos como tu abuelo, o mi padre, o el tio de aquel; debiera convertirse en un guion cinematografico.
Por esta y otras historias que hacen de El Imparcial un gran blog debes pasar por aqui para recoger tu premio http://cubaindependiente.blogspot.com/2008/05/premio-blog-dorado.html

Yo soy Medea said...

entereza aparte y pundonor, tu abuelo era un tipazo de hombre!, bizca debio quedarse tu abuela cuando lo vio quitarse el sombrero en el tren!!!!

Aguaya Berlín said...

Estoy con Laz: es un gusto pasar por aquí a diario!

Y con Mede: por la foto, el abuelo debió hacer desmayar a más de una habanera... Qué bueno que conserves fotos de él, Eu! De mi abuelo materno yo no tengo ninguna :-(

Anonymous said...

Ay Eufrates, me ha hecho saltar las lagrimas, cuanto recuerdo. Que desastre nos toco vivir!
Muchas gracias y ojala este pasando un buen dia hoy. Saludeme a Escolastica, por favor.

Tuta

Güicho said...

Tremendo Avus In Memoriam.

GeNeRaCiOn AsErE said...

historia que tambien es linda EU, que emociona y que deja ver de paso, como quisiéramos que fuera en un futuro nuestra isla, ese mismo lugar heterogéneo donde 'ayer' cada cual tenIa el derecho a que se le respetaran sus pensamientos.

saludos, g.a.

Al Godar said...

Que triste debe ser retornar a la pobresa despues de haber triunfado en la vida!
Que jodido no poder desfrutar en la vejez lo que uno se ganó con su trabajo.
Porque alguien tuvo una idea buenisima y necesitó nuestras vidas para experimentarla.
Le ronca la berenjena!
Excelente historia amigo Eu.
Saludos,
Al Godar

Anonymous said...

Mi siempre muy qurido Eufrates: Que cosa tan linda,intima, y oportuna, se nos va la vida y poco hablamos de nuestros heroes.
Y ahora, me perdonaras por pasar tantos dias sin leerte?
Si, yo se que si, mientras tanto y hablemos te mando mi carino eterno como siempre. "Oye el periodico se esta poniendo muy bueno"... jajajaja!!
Un abrazo,
Omarito